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[es] Leticia le regaló su primer orgasmo

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Leticia y Martina, caminaban por las calles desiertas de la ciudad, con sus risas resonando en la madrugada de agosto. Ambas cursaban primer año de medicina y habían decidido celebrar su primer semestre con una noche de fiesta.

Martina, con su cabello castaño suelto y ondas naturales, llevaba un vestido corto de algodón, con tacones, que realzaban su figura. Leticia, por otro lado, vestía unos jeans ajustados, una blusa sin mangas que dejaba ver sus tatuajes en los hombros y unos tacones rojos.

– ¡No puedo creer que hayamos terminado el semestre! – exclamó Martina, tropezando ligeramente. – Estoy tan cansada que no creo que pueda conducir. Además, he bebido demasiado… – Leticia le pasó un brazo por los hombros.
– No te preocupes, Martina. Puedes quedarte en mi estudio esta noche. Eso sí, sólo tengo una cama, es grande y cómoda, pero, tendremos que compartirla. Así no tendrás que conducir porque con lo que has tomado, no puedes hacerlo. – Martina se detuvo un momento, considerando la oferta.
– ¿Estás segura? No quiero molestar.
– ¡Claro que no molestas! No quiero que te pase nada: no estás para conducir; además, si te pasa algo, ¿quién me va a pasar los apuntes? – dijo Leticia.
– Jajaja, que zorra eres, ¡menuda amiga! – contestó Martina.

Mientras reían, se detuvieron en una esquina y sacaron sus teléfonos para pedir un Uber. En pocos minutos, un coche negro se detuvo frente a ellas. Se subieron, riendo y charlando sobre sus planes para el verano.

– ¡Qué noche más increíble! – dijo Martina, recostándose en el asiento mientras el coche avanzaba por la ciudad.
– Lo ha sido, pero ya es muy tarde – añadió Leticia, mirando el reloj. – Son casi las 4 de la mañana. No veo el momento de llegar a casa y quitarme los tacones.

Llegaron al estudio de Leticia, un pequeño apartamento en un edificio antiguo. Al entrar, ambas se sintieron inmediatamente cómodas. Encendieron una lámpara en el pequeño salón.

– Estoy tan cansada – suspiró Martina, dejándose caer en el sofá.
– Yo también. Vamos, pongámonos cómodas: no aguanto más esta ropa ni los tacones… ¡Cómo me duelen los pies! – dijo Leticia, quitándose los jeans y quedándose en ropa interior.

[es] Leticia le regaló su primer orgasmo

Martina, sin dudarlo, hizo lo mismo, sintiendo el aire fresco del verano contra su piel.

– Gracias por dejarme quedarme, Leti. Eres una gran amiga – dijo Martina, con una sonrisa suave.
– Siempre, Martina. Siempre – respondió Leticia, devolviendo la sonrisa, mientras ambas se acomodaban más cerca, sintiendo la cercanía y la confianza de su amistad.

Martina, en ropa interior, mostraba un cuerpo esbelto y tonificado. Sus pechos, firmes y redondeados, se destacaban bajo la tela de encaje. Sus piernas, largas y delgadas, parecían interminables y su trasero, firme y respingón, se ajustaba perfectamente a su tanga blanco.

Leticia, por su parte, tenía un cuerpo más curvilíneo. Sus pechos, llenos y voluptuosos, se asomaban ligeramente por encima del sujetador. Tenía las piernas, tonificadas por las largas caminatas, son musculosas y definidas y su trasero, redondo y generoso, se veía perfectamente moldeado en su tanga negro.

– Ha sido una noche larguísima… estoy rota – comentó Leticia, mirando a Martina con una sonrisa.
– Sí, ha sido una locura, hemos bailado mucho. – Respondió Martina, bostezando.
– Estoy tan cansada que apenas puedo mantener los ojos abiertos. – Leticia se rio, observando a su amiga.
– Vamos, vamos a la cama. Mañana podemos dormir hasta tarde.

Se levantaron del sofá y caminaron hacia la habitación. Leticia encendió la luz y comenzaron a preparar la cama.
– Martina, ¿en qué lado prefieres dormir? – preguntó Leticia, sonriendo.
– Me da igual, la verdad – respondió Martina, con otro bostezo. – Solo quiero dormir.
– Perfecto, entonces yo dormiré de este lado – dijo Leticia, señalando el lado izquierdo de la cama.
– Oye, Martina, ¿te importa si me quito el sujetador? Me gusta dormir cómoda.
– Claro, no hay problema – respondió Martina, sonriendo. – Yo también duermo sin sujetador, así que perfecto.

[es] Leticia le regaló su primer orgasmo

Leticia se desabrochó el sujetador y lo dejó caer al suelo, sintiendo el alivio de la libertad.

– Ah, mucho mejor – suspiró, estirándose ligeramente.
– Sí, se siente bien – coincidió Martina, bostezando de nuevo.

Ambas se metieron en la cama, sintiendo el frescor de las sábanas contra su piel. Se dieron un beso de buenas noches en la mejilla, un gesto de cariño y confianza entre amigas.

– Buenas noches, Leti – murmuró Martina, cerrando los ojos.
– Buenas noches, Martina. Que duermas bien – respondió Leticia, apagando la luz y acomodándose en su lado de la cama.

El silencio de la noche las envolvió, y pronto, el suave sonido de sus respiraciones llenó la habitación, mientras ambas se quedaban dormidas. Las dos amigas yacían en la cama, de espaldas, durmiendo.

El calor de la noche despertó a Leticia…

Se giró lentamente, fijando su mirada en el bonito culo de su amiga Martina, observando lo bien que le quedaba el tanga. La visión la excitó, y sin pensarlo dos veces, llevó una de sus manos a su coño, comenzando a acariciarse por encima del tanga. Cerró los ojos, dejándose llevar por las sensaciones. Se masturbó pensando en cómo disfrutaría si pudiera tocar el culo de su amiga ahora mismo… Estaba muy caliente después de la larga noche de fiesta.

Mientras se masturbaba, Martina se despertó. Al girarse, vio a Leticia tocándose. No dijo nada en un primer momento, solo observó cómo lo hacía, con movimientos lentos y sensuales. Después de unos instantes, decidió romper el silencio.

– Leticia, ¿qué haces? ¿te estás tocando? – preguntó Martina en un susurro, con una mezcla de curiosidad y excitación en su voz.

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Leticia abrió los ojos, avergonzada al ser descubierta, pero también aliviada por la comprensión en la mirada de su amiga.

– Me estaba tocando – admitió, con una sonrisa tímida. – Estoy a mil después de la noche de fiesta.  – Martina la miró, sonriendo también.
– Yo también estoy igual. Si quieres, podemos masturbarnos juntas. A mí no me importa.

Leticia asintió, sintiendo una ola de deseo y confianza. Se tumbó de nuevo, continuando con sus movimientos lentos y sensuales por encima del tanga. A su lado, Martina hizo lo mismo, sus manos moviéndose al mismo ritmo, creando un baile silencioso de placer mutuo.

Mientras se masturbaban, Martina y Leticia se miraron, sonriendo con una mezcla de sorpresa y excitación.

– No puedo creer que estemos haciendo esto juntas – susurró Martina, su voz temblando ligeramente.
– Yo tampoco – respondió Leticia, con una sonrisa pícara.

Leticia, mientras que con una mano se tocaba, colocó la otra encima de la pierna de Martina, con miedo, sin saber cómo reaccionaría su amiga. Martina sonrió y, viendo la oportunidad, hizo lo mismo, colocando su mano sobre la pierna de Leticia.

– Parece que te gusta – comentó Leticia, notando la respuesta positiva de Martina.
– Mucho – respondió Martina, con un suspiro de placer.

Viendo que a Martina le parecía bien, Leticia apartó la mano de Martina de su entrepierna y, por encima del tanga, comenzó a tocar a su amiga. Martina la miró sorprendida, pero no se apartó. Leticia, con movimientos suaves y exploratorios, continuó acariciando a Martina, sintiendo cómo su amiga respondía a sus toques.

– ¿Te importa? – preguntó Leticia, su voz un susurro.
– Para nada… me encanta como lo haces – respondió Martina, con un suspiro de placer.

Leticia, animada por la respuesta, decidió ir más allá. Con un movimiento lento, metió la mano dentro del tanga de Martina, haciendo que su amiga se sobresaltara y suspirara de placer, mientras la miraba con cara de asombro.

– Estás muy mojada – murmuró Leticia, notando la humedad del coño de Martina.

Martina, jadeando, solo pudo asentir. Leticia, con una sonrisa, acercó poco a poco su cara a la de Martina y la besó en la boca. Martina, sorprendida al principio, respondió con un beso apasionado. Se fundieron en un morreo, mientras sus cuerpos se movían al unísono, perdidos en el placer y la excitación del momento. Las manos de Leticia se movían con destreza, explorando cada rincón del coño de Martina, mientras esta se abandonaba completamente al deseo.

Martina, excitada y deseosa de devolver el favor, metió su mano dentro del tanga de Leticia, sintiendo la humedad y el calor de su amiga.

– Estás tan mojada como yo – susurró Martina entre besos, su voz llena de deseo. – Leticia gimió, perdiéndose en las sensaciones que las manos de Martina le provocaban.
– Sí, no puedo creer lo excitada que estoy. Nunca me había pasado esto con una chica – respondió, su voz entrecortada por el placer.

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Se besaron con pasión, mientras sus manos exploraban y tocaban con intensidad sus coños, provocando gemidos de placer en ambas.

– Quiero verte – murmuró Leticia, separándose ligeramente de Martina. – ¿Puedo quitarte el tanga?
– Sí, por favor – respondió Martina, con una sonrisa llena de anticipación.

Leticia, con manos temblorosas por la excitación, deslizó lentamente el tanga de Martina por sus piernas, revelando su coño. Admiró el bello en el pubis y la ausencia de vello en los labios vaginales. Con cuidado, abrió los labios vaginales de Martina, observando con deseo.

– Tienes un coño tan bonito – susurró Leticia, su voz llena de admiración. – Quiero comerte, ¿me dejas? Estoy loca por saber cómo sabes y sentir tu coño en mi boca.

Martina, jadeando de anticipación, asintió…

– Por supuesto, estoy a mil y lo estoy deseando.

Leticia, sin esperar más, se posicionó entre las piernas de Martina, que se recostó, cerrando los ojos y abandonándose completamente al placer. Leticia empezó a besar el interior de sus muslos, acercándose poco a poco a su coño y sin poder esperar más comenzó a trazar círculos alrededor de su clítoris, provocando oleadas de placer que la recorrían por completo.

Leticia, con una sonrisa pícara, comenzó a jugar con su lengua en el coño de Martina. Recorrió cada rincón, lamiendo con avidez. Sus movimientos eran lentos y deliberados, diseñados para torturar a Martina con placer.

– Me estás matando – gimió Martina, revolviéndose bajo el toque experto de Leticia. – No pares, por favor.

Leticia, excitada por la respuesta de su amiga, aumentó la velocidad, decidida a conseguir que se corriera. Besó el clítoris de Martina, rodeándolo con su lengua, absorbiéndolo con su boca. Martina no dejaba de gemir.

– Así, así, no pares – suplicó Martina.

Leticia quería ver a su amiga correrse en su boca, recibir todos sus jugos y comérselos mientras lamía su coño. Sus movimientos se volvieron más intensos, su lengua pasaba por cada pliegue, cada rincón, buscando el punto exacto que haría que Martina explotara.

– Leti, me corro, me corro – gritó Martina, sus manos agarran las sábanas con fuerza mientras su cuerpo se tensaba.

Leticia, sin apartar su boca, continuó lamiendo y chupando, sintiendo las oleadas de placer que recorrían a Martina. Cuando finalmente se corrió, Leticia recibió cada gota de sus jugos, saboreándolos con avidez.

[es] Leticia le regaló su primer orgasmo

– Dios mío, ha sido increíble – susurró Martina, mientras su cuerpo aún estaba temblando por las réplicas del orgasmo. Leticia, con una sonrisa satisfecha, se levantó y se tumbó al lado de Martina, acariciando suavemente su cabello.
– Me alegra que te haya gustado… y sabes muy bien! – Murmuró, sus ojos brillando de deseo y satisfacción.

Martina se tumbó sobre Leticia, y mientras amasaba sus tetas, la besó intensamente a modo de gratitud por el orgasmo que le acaba de regalar. Las dos se besaban, se tocaban y retozaban de placer por la cama.

Poco después, Martina, con una ternura inesperada, separó sus labios de los de Leticia y la miró a los ojos, su expresión llena de afecto.

– Leti, ahora me toca a mí – susurró Martina, con voz suave. Dio un beso tierno en los labios de Leticia antes de comenzar a moverse hacia abajo, dejando un rastro de besos por todo su cuerpo.

Besó suavemente el cuello de Leticia, saboreando la piel suave y cálida. Sus labios se movieron hacia sus pechos, donde se detuvo, dedicando atención especial a sus pezones. Con su lengua, trazaba círculos alrededor de ellos, haciendo que Leticia gimiera de placer.

– Martina, sí – suspiró Leticia, mientras con sus manos agarraba las sábanas con fuerza mientras el placer la recorría.

Martina continuó besando su cuerpo, moviéndose lentamente hacia abajo, dejando un rastro de besos en su estómago, sus caderas, hasta llegar a su tanga. Con movimientos lentos y deliberados, se lo quitó, revelando completamente el coño de Leticia. Abrió sus piernas con cuidado, admirando la vista.

– Tienes un coño tan bonito, rasurado y muy empapado… – murmuró Martina, su voz llena deseo.

Besó suavemente los muslos de Leticia, acercándose cada vez más a su pubis. Cuando finalmente llegó, besó y lamió su clítoris, provocando que Leticia se encogiera y suspirara de placer.

– Umm… – gimió Leticia, sus caderas moviéndose involuntariamente.

Martina comenzó a comer coño el de Leticia con ansia…

Su lengua se movía con destreza, lamiendo y explorando cada rincón, cada pliegue, buscando el punto exacto que haría que Leticia explotara. Sus movimientos eran rápidos y apasionados, su lengua trabajó sin descanso.

– Martina, sí, así – dijo Leticia.

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Martina, sintiendo cómo Leticia se acercaba al clímax, aumentó la intensidad de sus lametones, y metió un dedo en el coño de su amiga. Mientras la comía, movía el dedo dentro de ella, lo que hacía que Leticia se retorciera de placer.

– Me corro, me corro – gritó Leticia, encogiendo su cuerpo mientras llegaba al orgasmo.

Martina, sin apartar su boca, continuó lamiendo y chupando todo lo rápido que podía su dedo dentro de ella, recibiendo cada gota de los jugos de Leticia, saboreándolos, consiguiendo que ella se corriera en su boca.

– Dios mío, ha sido increíble – susurró Leticia. Martina, con una sonrisa satisfecha, se movió hacia arriba y se tumbó al lado de ella, acariciando suavemente su cabello.

– Me alegra que te haya gustado y me ha encantado tu sabor: sabe muy bien tu coño. – Murmuró, sus ojos brillando de deseo y satisfacción, fundiéndose las dos nuevamente en un beso apasionado. Leticia, con los ojos llenos de deseo, miró a Martina, su voz suave pero firme.

– Quiero volver a disfrutar de tu coño, Martina. Quiero más. – Martina asintió.
– Yo también quiero más, Leti. – Leticia, con una idea en mente, propuso:
– ¿Qué tal si hacemos un 69? Así podemos comernos al mismo tiempo. – Martina, excitada por la propuesta, aceptó sin dudar.
– Me encanta la idea. Vamos a hacerlo.

Leticia se tumbó en la cama, abriendo sus piernas para darle acceso a Martina. Martina, con una sonrisa, se tumbó encima de ella, posicionándose de manera que ambas tuvieran acceso al coño de la otra. Leticia besó el coño de Martina cuando estuvo a su alcance y lo apretó fuerte diciendo:

– ¡Que culazo tienes! ¡Me encanta!

Una vez que las dos estaban bien colocadas, comenzaron a comerse mutuamente. Martina, con una mano, comenzó a meter sus dedos en el coño de Leticia, moviéndolos con destreza, sintiendo cómo Leticia se contraía alrededor de ellos. Leticia, sin quedarse atrás, hizo lo mismo, con sus dedos entrando y saliendo del coño de Martina, provocándole oleadas de éxtasis.

– Sí, así, no pares – suplicó Martina.
– Te siento tan bien – gimió Leticia.

Ambas continuaron lamiendo, chupando y follando con sus dedos, llevándose mutuamente al límite.

– Me corro, me corro – gritaron ambas al unísono, mientras que se corrían las dos al mismo tiempo, cada una en la boca de su amiga. Después de correrse, las dos siguieron lamiéndose los coños para recoger todos los jugos que habían salido de ellos.

[es] Leticia le regaló su primer orgasmo

Martina y Leticia se tumbaron boca arriba en la cama, mirando al techo, sus respiraciones entrecortadas y sus cuerpos cubiertos de sudor. Se miraron y se abrazaron, dándose las gracias por lo bien que lo habían pasado juntas. Volvieron a morrearse, hasta que las dos se separaron y se quedaron dormidas mirándose con cara de felicidad.

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