[es] [mother-son] [twins] Me follaban mis hijos
7:30 AM. Siento el placer como a oscuras. Los olores y los sonidos están, pero no entiendo su significado. Me muevo, pero no sé por qué ni a dónde. Y poco a poco cada pieza vuelve a cobrar significado, los sonidos tomando forma de palabras, distinguiéndolas entre las que yo emito y las que emiten ellos. Mis hijos. Los olores son más complicados de distinguir. Aún más, al principio, distinguir qué partes de mi cuerpo sienten placer y cuáles dolor.
Despierto como de un sueño profundo y turbio que no era en absoluto un sueño. No estoy levantándome de mi cama y desperezándome. Conforme el mundo se aclara y veo el cielo, las luces, el marco metálido de la puerta… Estoy mirando a la terraza de mi salón, y más allá a los edificios. Sí, es mi salón, no la calle.
Estoy en el sofá cama del salón, ese que desplegamos solo para visitas inesperadas, en medio de un caos. Mi cuerpo entero pesa como plomo, y de pronto soy consciente de mi posición: estoy montada encima de mi hijo Ciro, mis muslos apretando sus caderas. Enseña los dientes. Mis tetas enormes y pesadas botan restregándose contra su pecho firme. Pican. Me pican con un ardor punzante, como si las hubieran azotado sin piedad.
Siento el calor abrasador de su polla enterrada dentro de mí, dura como una barra de hierro, latiendo contra las paredes de mi coño. Y empiezo a reconocer mis palabras.
– Soy… soy una… soy una mamá muy puta… muy puta… ufff… quiero muchaa lecheeeeaaaaahh… – Soy capaz hasta de saber que no se me debe entender con mucha claridad. – Así putilla, pide leche, pídela, cerdaca…
Raúl, mi otro hijo, suena a mi espalda antes de apoyar su frente en mi columna. Al principio pienso que suena en mi culo, pero no. Suena detrás de mí. Dentro de mi culo hay una polla. Raúl me tira del pelo con fuerza salvaje, obligándome a arquear la espalda. Me insulta sin piedad, y cada vez que me insulta me enciende más.
– Joder, mamá, pero que puta.. aahh… que puta eres… vas a chorrear… leche por todos los agujeros…
Creo poder sentir como sus dos pollas se frotan dentro de mí empujando mis órganos. Por un momento, creo que me las estoy imaginando en mi boca, pero las estoy recordando, o recordando su sabor. O el sabor no se ha ido: de mi boca no sale simple baba, sabe a semen, goteando en hilos largos sobre el pecho desnudo de Ciro, que me agarra de la barbilla con dedos firmes y posesivos, metiéndomelos en la boca sin delicadeza, con las uñas raspando mi lengua.
Y eso me hace salivar como una perra condicionada. Hay más dedos en mi boca. Raúl me estira de una de las comisuras con los dedos, abriéndome la boca. Debo estar horrible, ridícula.
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¡PLAS! Mi culo pica y un latigazo eléctrico me recorre la espina dorsal. Ciro me lo está azotando con la palma abierta, plas, plas, plaf, plas… Y cada golpe envia escalofríos través de mi piel maltratada. Siento como si me lo hubieran azotado a lo bestia toda la noche, pero cada palmada me hace contraer involuntariamente alrededor de las pollas de mis hijos.
Mi hijo Raúl está dándome por el culo, empujando profundo y rítmico, sin delicadeza ni misericordia, mientras Ciro me folla el coño desde abajo. Y me parece que sus embestidas, tirones y azotes están sincronizadas como si fueran una sola entidad.
Curiosamente, tardo en pensar “estoy completamente desnuda”. Mi piel está llena de sudor y hay un punto pegajoso en ella.
Me están violando mis hijos, mis gemelos…
Tan jóvenes y unidos, siempre inseparables. Ahora unidos de nuevo dentro de mí. El placer llega en explosiones violentas, una tras otra, como bombas detonando que no me dejan pensar con claridad. Pienso que estoy corriéndome como debe correrse una cerda o una coneja. Descontrolada, mi coño ordeñando a Ciro con contracciones espasmódicas, mi culo apretando a Raúl, y ellos tratando de imprimir más y más fuerza.
– Ahora, tío, suéltale ahora… la leche… uff, mamá… qué golfa eres…
Mis hijos se están corriendo los dos al mismo tiempo. Siento los chorros arder dentro. Llenando mi coño y mi culo hasta rebosar, mezclándose con las cargas anteriores que ya gotean por mis muslos. Mis hijos descargan con pulsos profundos. Creo que voy a gritar, pero sale un gemido gutural. Mi cuerpo tiembla incontrolablemente y voy recobrando más consciencia con cada oleada, recordando fragmentos dispersos de la noche anterior.
¡Los vecinos!… ay, los vecinos pueden haberlo oído todo, con las ventanas abiertas y los gritos. El pensamiento no cambia mi bramido ni detiene el orgasmo. Me siento plena, con la leche desbordando mis orificios y chapoteando en un orgasmo interminable. Pero los recuerdos empiezan a surgir con más fuerza.

3:30 AM. Mientras observo la luz del amanecer en el pequeño trozo de cielo tras el edificio de enfrente, recuerdo mirar el reloj de Ciro y ver las 3:30. Estaba de rodillas en la terraza de casa, y el aire fresco contra mi piel sudorosa me azotaba con escalofríos. Recuerdo sentir mis pezones tan duros que casi dolían. Miro mis manos, sosteniendo las pollas calientes y pulsantes de mis hijos, ambas gordas como las de su padre. Están tan duros que siento las venas hinchadas bajo mis palmas mientras las acaricio y las pajeo. Tan duras y envueltas en algo tan suave. Tan deliciosas.
Dios, los vecinos… la terraza da directamente a los balcones adyacentes, y juraría que vi luces en las ventanas, sombras moviéndose quizás. ¿Nos vieron? El mero pensamiento me produce miedo, pero parece que ese latigazo impulsa el orgasmo con más fuerza.
Lo visualizo, el recuerdo se hace más vívido. Trago primero la de Ciro, abriendo todo lo posible, tragando hasta la garganta, hasta que consigo sentid su glande hinchado golpear el fondo de mi garganta y pulsar hacia abajo, con un GLOGG profundo que alargo y exagero, gruñéndole a su polla, para que lo oiga y se le ponga más dura.
El sabor salado de su precumen se mezcla con mi saliva al sacarla, goteando por mi barbilla mientras vuelvo a mamar con avidez y hago mi lengua girar, primero sobre su capullo y después sobre su tronco.
Luego paso a Raúl. Lamos sus huevos, gordos y pesados, saboreando el sudor antes de intentar buscar su perineo y su culo con la punta de la lengua. Él gime y me agarra del pelo con más fuerza, tirando para guiarme y levantando la pierna para traerme el anillo de su ojete a la boca.
– Uff mamá, qué bien la chupas… eres una experta… traga más…
– Que zorra eres…
– Has tenido que tragar pollas a cientos, mamá…
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Raúl me coge del pelo con un puño firme, tira de mí y luego me empuja brutalmente contra la polla de su hermano, obligándome a tragarla entera, empujando y empujando hasta que mi nariz se aplasta contra su pubis y mi lengua contra sus pelotas. Ha conseguido que casi llegue a la tráquea… Y, de repente, siento cómo me penetra el culo de un solo empellón salvaje, haciendo que el dolor me traspase como un rayo e ilumine mis ojos con estrellitas, sacándome casi todo el aire de los pulmones.
Con el rabo de Raúl aún hincado, siento la polla de Ciro entrar y machacarme como un pistón, plaf, plaf… palmeando contra mis nalgas, con el sonido carnoso rebotando en las paredes de la terraza, casi haciendo eco en la calle salón, siempre silenciosa. Grito con el aire que me queda alrededor de la carne de Ciro y el vibrato de mi voz enviando ondas de placer a través de su rabo sacándole un nuevo gemido profundo.
Me recuerdo cogiendo aire desesperada y sintiendo algo dentro de mi coño, vibrando y sacándome espasmos, dificultando mi respiración en un orgasmo picado y lento, de contracciones separadas e intensas. Mis jugos me corren por los muslos y los veo caer al suelo.
Después, me veo tratando de meterme las dos pollas en la boca al mismo tiempo, estirando mis labios hasta el límite, cerrando los ojos concentrada, llena de carne caliente y pulsante contra mi lengua y paladar, mi garganta. Sus glandes manan ya precorridas copiosas, lubricando el caos, y tiro de sus huevos primero, masajeándolos llenos de babas; después empujo sus culos contra mí, para que entren más.
Y, de repente, sin avisar, mis hijos se corren a la vez. Me casqué dos pollas corriéndose en mi boca simultáneamente. Creo que fue Ciro quien se deslechó directamente en mi garganta, ahogándome con el calor, forzándome a echar la espalda atrás para ayudar al acto reflejo y convulsivo interno de tragar para no asfixiarme; mientras, Raúl disparaba contra mi mejilla interna, llenando el espacio restante con semen viscoso que desborda casi de inmediato por las comisuras de mis labios, goteando en hilos blancos sobre mis tetas hinchadas y sensibles.

Recuerdo impulsar la pelvis hacia adelante, como en Tai Chi, retrovertiéndola para que la leche cayese acariciando mi coño.
– Traga, mamá, traga…
Mis hijos me pusieron de pie bruscamente, y me doblaron contra la balaustrada. Recuerdo el frío en mis melones aplastados contra la piedra fría y lista. Y mirar las ventanas. Había gente mirando. Mirando. Parados.
Y yo sacaba la lengua y sonreía, mientras Raúl me agarraba del pelo, manipulándome por detrás. Sacó el vibrador y me metió algo por el culo. Casi de inmediato sentí su polla entrar en mi coño, empalándome como un animal salvaje. Y mi cara no había cambiado, sólo que empecé a gemir y rugir más fuerte.
Y sí, estaban mirando, mientras mi hijo me follaba el coño como un perro enloquecido, embistiendo contra mi culo y haciendo resonar en toda la calle el plaf, plaf, plaf de mis nalgas. Sus pelotas chocaban contra mi clítoris hinchado, y me gritaba guarradas. Dios mío…
Recuerdo pensar que mejor las decía él, así yo podía concentrarme en disfrutar y sacar la lengua babeante como una zorra para aderezar el espectáculo. No tenía que pensar.
– Buff… mamá, te están follando tus hijos… ¿te gusta, eh?… Pedazo de golfa… Venga dilo…
Cierro los ojos, siento el frío dolor en mis pezones y el aliento de mi otro hijo en mi oreja. Me agarra del pelo para hacerme levantar la cara más aún. Cojo aire y grito enloquecida a las ventanas vecinas en medio del silencio absoluto.
– ¡Sí! ¡Fóllame, cariño, fóllate a mamá!! ¡¡¡Reviéntale el coño a mamáaaahhahaa…!
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Agarro la cabeza de Ciro con una mano desesperada y busco su boca para devorarlo, chupando su lengua como si fuera otra polla. Le pido entre gemidos que ahora le rompa el culo a mamá, que me la meta de golpe sin lubricar más, que ya es un hombre hecho y derecho.
Raúl se carcajea y me azota el culo…
Y Ciro obedece con un gruñido primal, reemplazando a Raúl en un instante, sacando el plug y entrando en mi culo con un empujón seco, haciéndome pasar del dolor al placer en una sola embestida. Gimo a gritos, llamando a mis hijos por su nombre una y otra vez:
– ¡Ciro, Raúl, sí, rompedme el culo y el coño!… Mis hijos!
Y aún a esa hora mi aliento mantenía en mi boca algo de sabor alcohólico. Hay un vecino con un móvil.
Raúl también está grabando, además de darme bofetadas, así que les tiro un beso a ambas cámaras mientras Ciro se corre en mi culo y babeo como una poseída.
¿Cómo llegué a esto?
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Continuará.
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